Acoso sexual: no es un piropo. Ahórratelo.

El acoso sexual es un tema que, para bien o para mal, está de moda. Cada vez hay más campañas de concienciación como la famosa #metoo. Y es que, ¿hoy en día hay más acoso que antes? No, pero hoy en día se tolera menos. Cada vez estamos más seguros de que es un problema social y que hay que combatirlo, ya que el 50% de la población lo sufre o ha sufrido en algún momento de sus vidas.

La RAE define como acoso sexual: “acoso que tiene por objeto obtener los favores sexuales de una persona cuando quien lo realiza abusa de su posición de superioridad sobre quien lo sufre”. El abuso sexual se puede definir como “actos obligados, no consentidos por la víctima, orientados a satisfacer necesidades o deseos sexuales del acosador. Las conductas más frecuentes son obligar a tener relaciones sexuales o comportamientos sexuales que no le agradan y no se sienten cómodas realizando”. En España existe una diferencia entre abuso sexual y agresión sexual o violación, especialmente ante la ley: si no hay intimidación y violencia no es violación. Se olvida el detalle que si se obliga a alguien a tener relaciones sexuales ya estamos ante violencia (aunque no se haya dado una paliza primero). Como vemos, estas definiciones son muy vagas e incompletas, porque cuando hablamos de un problema social y generalizado no se trata sólo de una persona que abusa de otra para obtener algo a cambio. Se trata de una relación desigual entre una parte de la población y otra. Retomaremos esto después de unos ejemplos para ponernos en situación.

En Estados Unidos – cuidado, que se supone que hablamos de un país desarrollado en el que se respetan los derechos humanos – cada 6,2 minutos se denuncia una violación. En España se denuncian 4 violaciones al día. Les animo a imaginar cuántas no se denuncian. Les animo así a pensar en lo que no se considera violación, en todo lo demás que ocurre y que es en lo que nos centramos en este artículo. Es decir, existe un gravísimo problema que no entiende de fronteras. Se considera el cuerpo de la mujer de dominio público y como tal, cualquiera parece tener acceso libre a él; pero no hace falta que hablemos del terrible delito de violación sino que hay conductas en el día a día que así lo demuestran como exponemos a continuación.

Si eres mujer, seguramente te sentirás identificada con alguna de estas situaciones: ir por la calle y que te griten cosas desde un coche (ni siquiera vamos a entrar en que si es verano y vas con pantalón corto, porque en invierno con más capas que una cebolla también pasa), que te griten desde una obra todo tipo de improperios y obscenidades que se hacen pasar por “piropos”, estar en una discoteca y que haya manoseo constante y no requerido, miradas babosas en el autobús, volver a casa apretando el paso, y un largo etcétera. Afortunadamente, hemos evolucionado mucho y estas cosas que antes pasábamos por alto y las asumíamos, ahora nos enfadan.

Si eres hombre y es la primera vez que alguien te comenta algo así no sé en qué planeta vives pero por favor, baja a la Tierra y lucha contra estos gestos que dejan en evidencia a tu género. Es verdad que es #NotAllMen pero el problema es que sí lo hemos sufrido en mayor o menor medida todas las mujeres.

Y pensemos por un segundo, este tipo de cosas, aparentemente no conllevan que la mujer deje todo lo que está haciendo y caiga rendida a los pies del “caballero”, no son técnicas de ligar ya que no conozco a nadie que le haya dado su número a uno que le toca el claxon desde el coche con sus amigotes. Volvemos a la definición de la RAE, no se obtiene un favor sexual de un comentario obsceno. Pero sí que se da un afianzamiento de una posición de superioridad. En otras palabras, la finalidad no es obtener placer sexual de tocar a una extraña que va de camino al baño en una discoteca, la finalidad es que lo hace porque puede, porque se le permite, porque se cree que está en su derecho. Es el control y la superioridad lo que se quiere demostrar con estos actos. Por eso, hemos de reconsiderar qué es el acoso sexual. El acoso sexual es todo gesto, palabra o acto que se impone a la mujer (hablo por la mayoría, por supuesto que se ha dado acosos sexual a hombres) con la excusa de la sexualidad, que no es consentido, ni requerido, ni se da en igualdad de condiciones, que hace sentir mal e incomoda a la que lo recibe.

Por otro lado, existe un acoso sexual con consecuencias más graves para la víctima. Esto es cuando el acoso sexual lo ejerce una persona de manera reiterada y continua sobre otra. Suele darse en ámbitos en los que el acosador ejerce una posición de poder o en las que la víctima depende en cierta medida del acosador. Por ejemplo, en el trabajo, el jefe que toca a una trabajadora, que la invita a utilizar ciertas prendas de ropa, que hace comentarios obscenos, etc. La trabajadora no puede defenderse ya que su puesto de empleo depende del acosador. Otras personas tampoco podrán hacer nada ya que el jefe es el jefe y se perpetúa el acoso.

Un caso reciente y muy conocido es el de Harvey Weinstein, un productor de cine por el que hay que pasar si querías trabajar en Hollywood. Utiliza su posición de poder de dar o quitar trabajo para obtener favores sexuales de actrices y en general cualquier mujer que pudiera entrar en su radar. El problema no es el acosador en sí, el problema es que todo el mundo conocía la situación y hasta el año pasado nadie hizo nada por parar a este tipo. El no intervenir y no actuar perpetúa el acoso y haciendo cómplices a todos los que miran para otro lado.

El problema es que es algo tan habitual y tan cotidiano que en ocasiones se nos olvida que NO es normal, que NO es adecuado y que NO tenemos por qué soportarlo. Como he comentado antes, se trata de un problema social, lo vemos y aprendemos desde pequeños y muchas veces lo interiorizamos, hasta que un buen día se tiene que hacer el esfuerzo por desaprender. Parece que la sociedad está comenzando a despertar y a desaprender y por lo menos nosotras (y muchos hombres que nos apoyan) ya no nos callamos.

Si les interesa el tema y quiere saber más, desde Psicomienza recomendamos:

Feminismo para principiantes, de Nuria Varela.

Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit.

Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie.

Si quieren aportar bibliografía o películas que puedan ayudar a entender el tema, o plantear algún debate o propuesta, puede dejarnos la sugerencia en los comentarios.

Irene Marivela Palacios

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