Ansiedad: ¿amiga o enemiga?

 

En el articulo de esta semana vamos a hablar de la ansiedad, ya que es también uno de los motivos de consulta más comunes que estamos teniendo los psicólogos en los últimos tiempos, pero ¿en qué consiste realmente la ansiedad? Pues bien, si nos remitimos a la RAE nos indica que la ansiedad es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo, visto así no parece algo como para acudir al psicólogo ¿no? Además, la ansiedad es algo que todos hemos experimentado en algún momento de nuestra vida…

Entonces ¿es mala la ansiedad o no? Pues pese a lo que se suele pensar, la realidad es que todos los seres humanos seguimos aquí gracias a la ansiedad ya que en un momento dado de la historia les permitió a nuestros antepasados luchar, protegerse o huir de los peligros al experimentarla, como nos explicaron en la carrera (hace ya unos cuantos años), es la ansiedad la que activaba al ser humano que tenía delante un depredador y hacia que se salvara ya que aquellos humanos que no sentían esa activación ante un depredador no sobrevivían, por ello, la ansiedad en sí misma no es mala, es la respuesta que da nuestro cuerpo cuando percibe una amenaza a la que debe hacer frente, es decir, nos permite lidiar con aquellas situaciones complicadas. Entonces, si la ansiedad es algo positivo y adaptativo ¿dónde está el problema? El problema está cuando estas respuestas se prolongan demasiado en el tiempo (estrés) o cuando aparecen en ausencia de una amenaza real (la ansiedad enemiga a la que nos referimos en el título).

Algunos de los pacientes que acuden a terapia quieren no volver a tener nunca más ansiedad, cosa que es totalmente imposible ya que como ya hemos explicado es una respuesta adaptativa de nuestro cuerpo, es como querer no volver a sudar o no sentir dolor, a lo que debemos aspirar realmente es a gestionar correctamente la ansiedad e identificar cuando es por una amenaza real y cuando no.

¿Qué experimentamos cuando tenemos ansiedad? Hay diversas maneras de experimentar la ansiedad, aunque algunos de los síntomas que podemos destacar son la sensación de nerviosismo y tensión, sentimiento de que estamos ante un peligro, aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, hiperventilación, temblores, cansancio, problemas para concentrarse y para dormir e incluso gastrointestinales, visto así ahora ya parece ser algo más serio que tenemos que conseguir gestionar ¿verdad?

¿Cuáles son las causas de la ansiedad? A decir verdad, no se tiene del todo claro cuales son las causas de los trastornos de ansiedad ya que puede deberse a muchas y diversas razones, algunas personas la padecen porque tienen un problema de salud sin diagnosticar, otras por vivir ciertas experiencias traumáticas, también puede deberse a problemas médicos como por ejemplo diabetes, tiroides, síndrome del intestino irritable, enfermedades respiratorios y un largo etcétera además de por supuesto ser un efecto secundario de algunos medicamentos.

¿Qué problemas nos encontramos los psicólogos a la hora de empezar a tratar la ansiedad? El primer problema que nos encontramos es que los síntomas previamente mencionados pueden derivarse de otras afecciones y la persona tiende a ir al médico a descartar todo lo “físico” y ya cuando todo lo demás está descartado piensa que puede ser la ansiedad hecho que hace que pase bastante tiempo desde que empieza a experimentarlo hasta que acude a consulta con toda la ansiedad añadida que genera estar de médicos, pruebas, ir descartando y seguir sintiéndose mal, otro de los problemas es que algunas personas le restan importancia pese a pasarlo mal y ni siquiera acuden a un especialista y conviven con la ansiedad reduciendo su calidad de vida, otro problema es que hay mucha desinformación y muy poca información sobre la ansiedad y algunas personas creen que “se están volviendo locas” ya que sus síntomas no tienen explicación física lo que hace que tarden en venir al psicólogo y cuando lo hacen en muchos casos les cuesta entender que se debe “solo” a la ansiedad todo lo que están experimentando y el último de los problemas es el miedo a acudir al psicólogo del que ya hablamos en nuestro primer artículo que también hace que la persona venga muy tarde cuando ya lleva tiempo sufriendo o incluso que no llegue a acudir a un especialista.

Sabiendo todo lo anterior una buena pregunta sería ¿cuándo debemos consultar a un psicólogo? Pues bien, en el momento que notemos que estamos preocupados en exceso o de forma continuada y ello interfiere en nuestro trabajo, relaciones y otros aspectos de nuestra vida diaria, si experimentamos algunos de los síntomas que hemos mencionado previamente y no tiene ningún tipo de explicación médica (enfermedad, medicación,…), si te sientes deprimido o incluso tienes pensamientos suicidas (en casos extremos es más común de lo parece).

Es muy importante tener en cuenta que en estos casos el paso del tiempo no ayuda sino todo lo contrario, hace que empeores, cuanto antes acudas a un psicólogo será más fácil tratar la ansiedad y recuperarás tu vida mucho antes sin tener que estar padeciendo todo lo que hemos explicado en este artículo y que realmente hace que nuestra calidad de vida disminuya considerablemente.

Por último y como ya va siendo costumbre, voy a lanzar una serie de preguntas para que nos contestéis nuestros lectores si os animáis ¿creéis que a nivel social se tiene claro lo que es la ansiedad y lo que conlleva convivir con ella? ¿conocéis a alguien que esté viviendo esta situación? De ser así ¿pudo identificar rápidamente lo que era? Y ¿se ha puesto en manos de un psicólogo? ¡nos leemos!

Eva Torrego Treviño

5 respuestas a “Ansiedad: ¿amiga o enemiga?

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