Accidentes de tráfico: ¿y luego qué?

A la vuelta de los días festivos y de los puentes suelen publicarse las estadísticas con los accidentes de tráfico mortales producido durante las vacaciones.  Sin ir más lejos, esta Semana Santa (2019) fallecieron 27 personas en la carretera. De lo que no suele hablarse ni publicarse estadísticas es de la gente que sobrevive, de las víctimas que superan el accidente.

En el post de hoy hablaremos de la vida tras un traumatismo craneoencefálico grave.

Según la Federación Española de Daño Cerebral Adquirido (FEDACE), cada año se dan 104 701 nuevos casos de Daño Cerebral Adquirido, de los cuales 4.937 son resultado de traumatismo craneoencefálicos. Con esto, nos referimos a personas que han sufrido una lesión cerebral y al abandonar el hospital presentarán secuelas debidas a dicha lesión.

Vayamos por partes. Qué es el daño cerebral adquirido (DCA). El DCA es una lesión brusca y repentina en el cerebro, que provoca un conjunto de déficits según qué área dañada y la gravedad del daño. Estos déficits pueden provocar una variada sintomatología, como anomalías en la percepción, alteraciones motoras, dificultades cognitivas y del lenguaje, alteraciones emocionales y del estado de ánimo, etc.

Los traumatismos craneoencefálicos son lesiones resultantes de un golpe. La mayoría de estas lesiones se deben a accidentes de tráfico.

Las lesiones resultantes de accidentes de tráfico suelen ser graves y afectan a muchas áreas cerebrales ya que el cerebro sufre el llamado efecto “golpe-contragolpe”. Es decir, el cerebro sufre una desaceleración en la que choca contra la parte frontal del cráneo y luego vuelve hacia atrás lesionando la parte posterior. Además, debido a factores como la velocidad y la intensidad del golpe se produce una rotura de los axones neuronales. Esto implica que el daño y los déficits son generalizados y graves, las áreas cerebrales dañadas pueden estar dispersas por todo el cerebro.

Tras sobrevivir las operaciones y complicaciones médicas parece que lo peor ha pasado, porque “al menos ha sobrevivido”. Sin embargo, la rehabilitación neuropsicológica es un proceso largo y agotador tanto para el paciente como para las familias. La mejoría y recuperación suele ser muy rápida al principio, debido a la capacidad de recuperación y plasticidad cerebral que se da tras una lesión. El cerebro está re-adaptándose a la nueva situación. Esta rápida mejoría conlleva esperanza para la familia, que se convierte en frustración cuando los cambios son cada vez más sutiles, hasta por fin mantenerse estables. A partir del año, los déficits son estables y se comienza a hablar de secuelas.

El paciente recibe el alta y la familia ha de adaptarse a la nueva situación.

El daño cerebral traumático produce un gran impacto en los familiares de la persona afectada, causando trastornos significativos en los miembros de la familia, estrés en las relaciones maritales, cambios en las relaciones sociales y dificultades económicas. la persona que asume el papel de cuidador principal del afectado el que experimenta una carga superior (ver el síndrome del cuidador), mientras que la gravedad del estrés entre los otros familiares depende de su grado de implicación.

Los déficits graves que mayor problema suponen para los familiares están relacionados con los problemas y cambios de personalidad, del estado de ánimo así como la irritabilidad y agresividad. La discapacidad motora también supone un factor de estrés, aunque en menor medida que los problemas conductuales y emocionales del paciente. Otras quejas frecuentes de los familiares en  cuanto a las dificultades diarias se relacionan con la lentitud, la pérdida de memoria, la fatiga y la puerilidad/infantilismo del paciente.

Normalmente, una de las personas de la familia ha de dejar su trabajo o reducir su jornada para poder atender al afectado, lo que esto supone una reducción del salario familiar. Asimismo, aparecen nuevos gastos como las medicinas, pañales, sillas de ruedas, camas especiales y otras adaptaciones y reformas en la casa para adaptarse a la nueva situación.

Todo esto conlleva un gran estrés y sufrimiento para la familia. Por eso, existen grupos y asociaciones de apoyo para intentar ayudar a normalizar la situación, para salir adelante y para poder vivir una vida digna.

En resumen, los accidentes de tráfico no sólo cuentan las víctimas mortales. Los accidentes de tráfico causan un gran impacto, dejando tras de sí familias entera trastocadas, porque el daño cerebral es una enfermedad familiar. El paciente no es el único afectado ni el único que sufre. Se trata de una enfermedad compleja, crónica y llena de problemas para los que nadie está preparado.

 Irene Marivela Palacios

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