Alcanzando la perfección

El perfeccionismo es un rasgo de personalidad que suele ser reconocido de manera positiva por la sociedad, sin embargo, a largo plazo suele traer consecuencias desagradables para la persona y su entorno.

Uno de los mitos más dañinos, incluso dentro de la comunidad científica, es considerar un perfeccionismo “sano” y otro “insano”. El primero se considera que es un rasgo de personalidad donde premia la disciplina, altos estándares y motivación. Sin embargo, esto no es perfeccionismo sino responsabilidad, otro rasgo de personalidad muy distinto.

El segundo es un rasgo de personalidad, no una conducta, lo que significa una manera de pensar sobre uno mismo, los otros y el mundo, y siempre es patológico. El perfeccionismo es un rasgo complejo caracterizado por metas inalcanzables y un pensamiento híper-crítico, hace que la persona no se conforme con un estándar que no sea la perfección. Esto implica que la persona se imponga expectativas y metas excesivamente altas y poco realistas, a menudo inalcanzables. El problema es que todo esto conlleva autoevaluaciones excesivamente críticas tanto propias como para los demás, preocupación por la evaluación de los otros y altos estándares rígidos.

El perfeccionismo suele estar relacionado con la autoexigencia, en ocasiones traspasa los límites personales y se impone estos estándares a los demás, lo cual puede desembocar problemas de relaciones personales cuando la otra persona no puede o quiere alcanzar los estándares que se le imponen.

Algunos de las distorsiones cognitivas habituales son “para que me quieran debo ser perfecto”, “si no es perfecto no merece la pena”, “si no puedo conseguir la perfección es un fracaso”, “solo si es perfecto es válido”, “si lo hago sin errores tendré paz”, “si no es perfecto no podré quedarme a gusto”, “si soy exigente tendré éxito”, “si no busco la perfección no llegaré a nada”.

Cometer un error significa fracasar, decepcionarse a sí mismos o a los demás. El error se ve como una amenaza a la valía personal, se evita siempre que puede y no se reconocen los errores, especialmente ante otra persona. Por tanto, se busca evitar siempre cometer errores, o lo que es lo mismo, el no alcanzar la perfección. Esto termina desembocando en la procrastinación. Es decir, al intentar alcanzar la perfección (algo imposible o con un coste muy alto), aumenta la ansiedad, e incluso el rechazo a enfrentarse a lo que se debe hacer posponiéndolo hasta que no  puede retrasarse más. Esto hace que se tenga que trabajar bajo presión, con ansiedad y a menudo de manera intensa, sin descanso. Al final aparece un agotamiento tanto físico como mental debido al sobreesfuerzo realizado, que no permite alcanzar las expectativas de perfección previas, lo cual deriva en decepción, sentimientos de fracaso, frustración, etc. Puede que incluso la persona se rinda antes de intentarlo (o que activamente evite hacerlo) ya que considera que como no va a lograr esa perfección no merece la pena hacerlo.

Asimismo, el perfeccionismo y la autoexigencia sirve como una manera de reducir la ansiedad (aunque en realidad la dispara) ya que crea una falsa sensación de control.

Este rasgo de personalidad se asocia con algunos trastornos mentales como la depresión, ansiedad, conductas autolíticas, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de la conducta alimentaria, insomnio, agorafobia, etc.

El perfeccionismo se puede trabajar mediante ayuda psicológica profesional. Esta terapia se basa en reducir y modificar los pensamientos distorsionados, enfrentarse al miedo al fracaso, cultivar la autocompasión y trabajar el miedo al abandono y al rechazo.

Algunos consejos:

  • Relativiza y sé realista con tus pensamientos à “nadie es perfecto”, “cometer errores es parte de la naturaleza humana”, “¿realmente es tan importante esto?” “¿Puedo sobrevivir a ese fracaso?”.
  • Baja tus estándares: te están impidiendo hacer y disfrutar de muchas cosas. Pregúntate “¿qué nivel de imperfección estoy dispuesto a soportar?”.
  • Enfréntate a los errores, no pasa nada por mostrar debilidad. Exponerse a cometer errores puede asustar al principio, propón pequeños errores como ir con una mancha en la ropa, no ensayes ni actúes en reuniones sociales, muestra un pequeño desorden en la casa, etc.
  • Supera la procrastinación. Haz las cosas y no lo retrases más. Puedes subdividir las tareas para poder enfrentarte a ellas poco a poco.
  • Recompénsate, prémiate y felicítate. Un simple “qué buen trabajo has hecho” es suficiente.
  • Pide ayuda. Si lo necesitas pide ayuda profesional. No esperes que se pase solo porque el problema se vuelve más y más complejo.

Irene Marivela Palacios

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