¿PREMIOS O CASTIGOS?

En la entrada de hoy hablaremos de la conducta humana y los mecanismos de aprendizaje. Es importante entender cómo funcionan ya que será el primer paso para cambiar aquellos comportamientos que nos resulten desagradables o desadaptativos.

Habitualmente, cuando queremos que alguien o nosotros mismos dejemos de hacer algo (por ejemplo, que nuestro hijo deje de tener rabietas, que dejemos de mordernos las uñas, etc.), solemos rehuir dicha conducta, es decir, evitamos que suceda por todos los medios. Esto a largo plazo es insostenible. Para obtener un resultado distinto al habitual, debemos cambiar diferentes factores, esto serán los estímulos desencadenantes, los refuerzos y castigos.

ESTÍMULO (LO QUE DESENCADENA LA ACCIÓN) –> RESPUESTA (CONDUCTA) –> REFUERZO/CASTIGO (CONSECUENCIAS)

Primero vamos a entender un poco en qué consiste todo esto:

  • Estímulos reforzantes: aquello que aparece después de la respuesta. Su efecto es mantener o aumentar la probabilidad de que esa conducta se repita.
    •  Refuerzo positivo à se añade un estímulo deseable (premio) después de la conducta.  Los refuerzos pueden ser de consumo (comprar algo), de actividad (pasar un tiempo haciendo una actividad agradable) o social (besos, cariños, atención). Los refuerzos deben ser inmediatos, contingentes a la conducta deseada y han de ser importantes para la persona que los recibe.
    • Refuerzo negativo à se retira un estímulo indeseado después de darse la conducta. Por ejemplo: por haberse portado bien se le permite no hacer alguna tarea poco apetecible.
  • Extinción: es fundamental saber retirar la atención a ciertas conductas indeseables emitidas por la persona, para que no obtenga las mismas consecuencias esperadas y recibidas hasta entonces. Normalmente, con los niños especialmente, suele ser la obtención de atención, por lo que esta será la ficha mas efectiva a retirar. En caso de los niños, es importante que se aplique por parte de ambos padres, ya que de otra manera el niño aprende con quién puede obtener atención y con quién no. Dar instrucciones claras y precisas al niño ayuda a que este comprenda el nuevo funcionamiento y las nuevas normas: “si te tiras al suelo gritando, no te voy a atender”.

El objetivo de la extinción es que la persona no obtenga lo que desea por medios no adecuados. Cuando la persona muestre una respuesta adaptada y adecuada a la situación, deberá ser reforzada.

  • Castigo: consecuente que aparece después de la respuesta que hace que la conducta tienda a disminuir y/o desaparecer. A pesar de la mala fama que tienen los castigos, en ocasiones son necesarios para poder establecer límites claros.
    • Castigo positivo à se añade un estímulo (indeseable o aversivo) después de la conducta. Por ejemplo: las regañinas son un castigo positivo sano, un bofetón sería un castigo positivo no adecuado. Ponerse a gritar no ayuda, ya que genera más nervios y tensión y además estamos enseñando al niño a solucionar las cosas gritando. Sin embargo, es importante mantener un tono de voz firme y claro, con un lenguaje que la persona pueda entender.
    • Castigo negativo à se retira un estímulo deseable para la persona después de la conducta. Por ejemplo: reducir el tiempo de actividades agradables.

Es importante entender que estos mecanismos se deben aplicar de manera conjunta, contingente a la conducta y de la forma más inmediata posible. Aplicar extinción sin refuerzo, o sólo aplicar el castigo y la extinción no es adecuado, ya que se estarían dejando de lado aquellas conductas que sí son adecuadas y no aumentamos su frecuencia de aparición.

Hay que tener en cuenta que, al principio, con la extinción y el castigo, la conducta disruptiva aumentará. Hay que mantenerse firmes. Por ejemplo, siguiendo con el caso de las rabietas, por mucho que el niño se ponga a gritar y patalear en mitad de la calle es importantísimo extinguir (ignorar) la conducta hasta que se termine. Si en mitad de la pataleta cedemos, el niño se lo toma como una victoria (“tengo que gritar más para conseguir caso, ya que al principio me ignoraban”). En esta línea, es fundamental adelantarse a las situaciones, saber qué suele provocar rabietas y llamadas de atención y anticiparse a ello.

            Por último, es importante recordar que si la situación nos sobrepasa debemos acudir a profesionales que puedan ayudarnos a dar con una solución. Entender los principios por los que se rigen las conductas es el primer paso, necesario para poder cambiarlo. Pero las conductas pueden ser más o menos complejas, y en ese caso tenemos que valorar si necesitamos ayuda profesional.

Irene Marivela Palacios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s