Despedidas forzadas sin dar el último adiós

Estamos pasando uno de los momentos más duros de cuantos recordamos la gran mayoría de nosotros, tanto a nivel individual como colectivo debido al COVID-19, aparte de estar confinados en casa desde hace semanas y preocupados por distintos motivos como son la salud de nuestros seres queridos, la nuestra, nuestros puestos de trabajo… hay algo a lo que también estamos teniendo que hacer frente muchos de nosotros y que, sin duda alguna, nos está costando mucho más, es el hecho de que nuestros seres queridos se vayan sin poderles decir lo mucho que significan para nosotros o darles el último adiós.

Es difícil saber que un familiar/amigo está a punto de morir en el hospital o residencia y no poder estar a su lado, una de las cosas que más nos alivian a nivel psicológico es el poder decir todo lo que sentimos a esa persona y acompañarla en esos últimos momentos, hacerle sentir arropada y que se vaya rodeada de cariño… por desgracia la situación actual nos está obligando a saltarnos este paso… aunque no es nada nuevo, antes de esta situación muchísimas personas diariamente tenían que hacer frente a esto mismo cuando un ser querido perdía la vida de forma inesperada debido a por ejemplo un accidente, pese a todo nunca estamos totalmente preparados para hacer frente a no poder despedirnos y es un proceso bastante complicado, desde Psicomienza queremos daros unas claves para que podáis afrontarlo de la mejor manera posible ¿cómo podéis hacerlo? siguiendo las siguientes pautas:

Ponernos en el lugar de nuestro ser querido

Aunque todos pensemos (y en circunstancias normales generalmente así es) que nos gustaría morir acompañados la realidad es que, en este tipo de circunstancias, si fuésemos nosotros los enfermos no querríamos que nuestros seres queridos se expusiesen al venir a vernos, algo que todos tenemos claro es que queremos proteger a los demás, sobre todo a la gente que más queremos, por eso cuando pensemos en que no hemos estado ahí con ellos tenemos que pensar que nosotros también querríamos eso en su lugar  y que ellos seguro que prefieren o han preferido eso a que hubiésemos estado porque querrían protegernos.

No hay que evitar hablar de ello

A veces, pensamos que no exteriorizar nuestros sentimientos o intentar reprimirlos nos hará estar más fuertes pero ocurre justo lo contrario, es importante que nos desahoguemos, que compartamos experiencias vividas con la persona que se ha ido con amigos o con familiares, recordar los buenos momentos que tuvimos y sentirnos arropados por aquellos que nos quieren, saber que lo que sentimos es compartido por muchas más personas, que es natural y que poco a poco irá pasando. El dolor compartido pesa menos.

No debemos sentirnos culpables

La culpa es uno de los sentimientos que más estamos experimentando estos días cuando fallecen nuestros seres queridos, nos sentimos culpables por no haber podido cogerles la mano, decirles que les queremos y acompañarles en sus últimos momentos y aunque es lógico que nos vengan este tipo de pensamientos la realidad es que tenemos que desecharlos porque no es porque no hayamos querido sino porque no hemos podido, no se nos permitía dada la peligrosidad de hacerlo, nos hubiésemos arriesgado nosotros y sobre todo, y más importante, habríamos podido contagiar a la gente con la que vivimos o incluso habernos contagiado y transmitido, por eso es importante que cambiemos estos pensamientos que nos crean sentimientos de culpa por otros, más adaptativos, que nos lleven a entender que hemos hecho lo único que podíamos hacer y ha sido lo correcto.

Volveremos a ser felices

Todas las personas que ya hemos experimentado un duelo, es decir, la pérdida de un ser querido sabemos que se puede superar, que es duro, que hay momentos en los que les echamos tanto de menos que parece que jamás volveremos a ser los de antes e incluso que hemos perdido la capacidad de ser felices o disfrutar de las cosas pero esto no es así, aunque siempre nos dé un poco de tristeza o nostalgia recordar a esa persona que se ha ido al final se acepta su marcha y nos quedamos con lo afortunados que hemos sido por haberles tenido en nuestra vida, con todo lo que nos han aportado y enseñado, con los buenos momentos disfrutados y también con todo lo bueno que seguimos teniendo en nuestro día a día (familia, trabajos, hobbies…) que nos hacen poco a poco ir volviendo a la normalidad y a ser felices nuevamente.

Podemos despedirnos de una forma simbólica

Por último, aunque no hayamos podido despedirnos de la forma tradicional, algo que estoy poniendo en práctica con algunos pacientes e incluso conmigo misma ha sido el despedirnos de una manera alternativa, cada persona debe elegir cómo hacerlo, con una carta, leyendo un fragmento de algún libro que nos parezca significativo o con una canción, algo en su honor y que nos permita dejarle marchar de una bonita manera, más adelante ya podremos ir a visitar a nuestro ser querido al cementerio y hacerlo de esa otra manera con la que estamos más familiarizados.

Este artículo queremos dedicárselo, tanto Irene Marivela Palacios (mi compañera de Psicomienza) como yo a dos de nuestros seres queridos que por desgracia hemos perdido durante estas últimas semanas, su abuelo Julián Palacios Rivas y mi abuela, María del Carmen Seijo Pérez, es nuestro pequeño homenaje a dos de las personas más importantes de nuestra vida, nos han cuidado, querido, enseñado y acompañado hasta ahora y sabemos que de alguna manera nunca dejarán de hacerlo porque como dijo alguien anónimo alguna vez “cuando los que amamos parten, pasan de vivir entre nosotros a vivir en nosotros”.

Eva Torrego Treviño

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