¿Es posible implantar recuerdos falsos en la memoria?

La idea que tenemos de cómo funciona la memoria se parece a un almacén o quizá a un ordenador, en el que introducimos datos y ahí se quedan archivados y esperando ser rescatados en forma de recuerdos. Pero esto no es así. Cuando recordamos, lo que hacemos es reconstruir, no reproducir como un viejo DVD. ¿Y si no podemos fiarnos de nuestros recuerdos?

Al recordar volvemos a percibir, a revivir, algo que ya hemos vivido. Cada vez que recordamos algo lo reconstruimos, por lo que, al abrir un recuerdo, permitimos que pueda ser manipulado.

Este tema es especialmente interesante cuando hablamos de los testigos. Es decir, parece que en el momento en el que aparece un testigo en un caso policial ya está todo resuelto: irá a juicio, declarará y fin del asunto. Pero la realidad es que la validez de los testigos es muy baja, no porque quieran mentir de manera consciente, sino por la poca fiabilidad de la memoria en sí.

Para poder memorizar algo, debemos prestar atención primero. Y la atención es fácilmente manipulable, por lo que los recuerdos que se consolidan no son muy fiables, ya que dependen del foco atencional.

La memoria es un tema muy estudiado en la psicología y neurología y existen algunos experimentos muy curiosos.

Se ha demostrado en experimentos el efecto que tiene la presencia de un arma en la atención (y por tanto en los recuerdos posteriores). En el momento en el que aparece un arma en la escena, la atención se focaliza exclusivamente en la amenaza, ya que es el objeto peligroso y desencadena el instinto de supervivencia. En el siglo XIX, un profesor de universidad realizó un experimento, en el que dos alumnos fingían una disputa que terminaba con uno de ellos pegando un tiro a otro y luego huía. El profesor pregunta inmediatamente a los alumnos que describieran al asesino, no siendo capaz ninguno de ellos de dar una descripción real. El foco de atención estaba en el arma, no en el que la empuñaba.

Por otro lado, los recuerdos ya consolidados son fácilmente alterables o manipulables, como decíamos. Elizabeth Loftus, una de las investigadoras más importantes en este campo, realizó un experimento. Mostró a los participantes un vídeo en el que presenciaba un atropello: un coche ROJO atropella a un viandante en un cruce. Inmediatamente al terminar el vídeo, Loftus pregunta a los participantes: “¿Por qué lado del cruce ha huido el coche VERDE?”. Y así de sencillamente, la mayoría de los participantes cambiaban el recuerdo, y el coche pasaba de ser rojo a ser verde en su memoria. Incluso tras haberles explicado la dinámica del experimento, ellos insistían en que el coche era verde desde un principio. Esta investigadora se hizo famosa a raíz de este experimento y continuó en esa línea, haciendo experimentos en los que conseguía implantar recuerdos falsos a personas y grupos de personas de lo más dispar (haber tenido hospitalizaciones que no habían sucedido, recuerdos de una boda en la que no habían estado, presenciar accidentes de tráfico inventados, etc.) mediante sugestiones verbales, es decir, tan solo hablando con ellos. Con todo esto, ella puso de manifiesto que no se toman las medidas ni precauciones necesarias con los testigos, incluso permitiendo preguntas en los juicios que podían influir y alterar el recuerdo del testigo. Al igual que hay que la policía científica tiene cuidado extremo al procesar una escena de un crimen para evitar la contaminación de las pruebas, era necesario tomar las mismas precauciones para no contaminar la mente del testigo.

Los recuerdos pueden verse manipulados en situaciones de terapia también, como cuando en los años 90 hubo una oleada de denuncias de abusos sexuales debido a que el terapeuta le había dicho al paciente que su malestar psicológico residía en un abuso sexual en la infancia reprimido, del que la persona no tenía ningún recuerdo ya que no era real. Accidentalmente, se implanta un recuerdo falso en la mente del paciente en una situación de pseudo-hipnosis. Hoy en día se sabe que los recuerdos reprimidos tal y como los describió Freud no existen y sus teorías no se sostienen con ningún tipo de base científica, incluso se desmienten con el avance de la ciencia.

Si te interesa el campo de los recuerdos falsos o implantados, recomendamos el libro de Ramón Nogueras Por qué creemos en mierdas.

¿Y tú, tienes el recuerdo de haber vivido algo que en realidad no, pero te lo han contado miles de veces? Cuéntanoslo en los comentarios.

Irene Marivela Palacios

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