¿Por qué nos cuesta tanto aceptar nuestros logros? El Síndrome del Impostor

Seguramente algunos de vosotros, lectores, habréis oído hablar del Síndrome del Impostor ya que es un término muy visibilizado últimamente en medios de comunicación. Para los que no lo conozcáis, se trata de un conjunto de síntomas que se relacionan con importantes dificultades para reconocer los éxitos propios, sobre todo a nivel laboral.

Este síndrome “retuerce” las percepciones de uno mismo y de su valía, sobre todo a nivel intelectual. Las personas que lo padecen no se consideran dignas de sus éxitos, piensan que de alguna manera han logrado engañar a todo el mundo sobre sus capacidades y que en cualquier momento lo descubrirán y tacharán de fraude. Estas personas tienen la sensación permanente de no estar a la altura, de no ser lo suficientemente competentes. Todo esto se relaciona con un alto grado de perfeccionismo, que como hablamos en otro post previo, no siempre es positivo y en muchas ocasiones conlleva una peor ejecución y productividad.

Aunque se da frecuentemente en el ámbito laboral, termina por irradiar a otros ámbitos sociales y de relaciones de pareja, tratando de estar a la altura permanentemente, con unos estándares inalcanzables. En lo personal, a estas personas les cuesta mucho aceptar cumplidos, siempre tratan de justificarlos o quitarles importancia. Un buen ejercicio para comenzar a vencer este síndrome es decir simplemente gracias ante un cumplido, sin justificar ni excusarte.

Desde la psicología, esto se explica mediante la teoría del locus de control, es decir, la percepción del control. El control puede situarse en un ambiente externo a la persona o interno. Por ejemplo: una persona consigue un puesto de trabajo tras un proceso de selección difícil, y piensa “he tenido suerte, el entrevistador era amable” sitúa el locus de control en algo externo (la suerte, el entrevistador…). Sin embargo, si dijera “me he esforzado mucho y lo he conseguido”, el locus de control se sitúa en uno mismo.

Esto puede ser positivo o negativo para nuestra autoestima, dependiendo de la situación. Lo más protector de autoestima es situar el locus de control en lo interno cuando se trata de éxitos, y externo cuando se trata de fracasos percibidos, sin olvidar de asumir las responsabilidades pertinentes. Por ejemplo: si se aprueba un examen es porque he estudiado mucho, pero si se suspende es porque el profesor me tiene manía (poco adaptativo) o porque justo esa parte del temario fue lo que me quedó sin estudiar. Lo más dañino es lo contrario, atribuir el locus de control a lo externo cuando se trata de éxitos y a lo interno cuando se trata de fracasos. Por ejemplo: si se aprueba un examen es porque he tenido suerte, si se suspende es porque soy un inútil.

El síndrome del impostor se da con mayor frecuencia en mujeres, a conlleva temáticas relacionadas con la conciliación, la presión de ser madre y profesional de éxito. Se considera que la idea de que una mujer alcance el éxito contrasta con los estereotipos sociales de género. Los hombres tienden a atribuirse a sí mismos, a su esfuerzo y su trabajo sus logros, mientras que las mujeres los atribuyen a elementos externos. Desde Psicomienza recomendamos un libro que trata este tema con una perspectiva de género muy necesaria y explicando los subtipos y sus características, de una manera amena y con muchos ejemplos que te harán reflexionar sobre tus propias creencias: “El Síndrome de la Impostora” de las autoras Elisabeth Cadoche y Anne de Montarlot.

Al final, este síndrome, al igual que ocurría con el perfeccionismo patológico, si no se vence conlleva consecuencias en el ámbito laboral pero también en lo personal. Las personas que lo sufren no corren riesgos, no se atreven a pedir un ascenso ni a tratar de buscar un empleo más exigente y acorde a sus capacidades, así como tampoco cambian de pareja o exigen un trato digno. Además, una vez que consiguen aquello por lo que luchan y se esfuerzan, no son capaces de disfrutarlo ni de sentirse orgullosos, sino que continúan sintiendo ansiedad y culpa, remordimientos por no haberse esforzado lo suficiente y miedo a ser descubierto públicamente como un impostor.

¿Has tenido alguna vez estas sensaciones de inadecuación? ¿Has sufrido el síndrome del impostor? ¿Buscaste ayuda profesional para superarlo? ¡Cuéntanos en los comentarios!

Irene Marivela Palacios

2 comentarios en “¿Por qué nos cuesta tanto aceptar nuestros logros? El Síndrome del Impostor

  1. Guillermo dice:

    Buenas tardes y gracias por compartir conocimiento con nosotros.

    Me siento representado sobre todo en una de las cuestiones que mencionáis: “Disfrutar”.

    En mi caso en particular no era capaz de apreciar el éxito después de un largo recorrido de lucha y sacrificio, lo normalizaba quitando importancia, como si se pudiera conseguir sin esfuerzo y paso al siguiente proyecto/objetivo.

    Con ayuda y tiempo conseguí valorar mi esfuerzo, centrarme en un proyecto y poner en valor lo importante que es para mi. Después a otro proyecto siempre reconociendo lo pasado, sin dejarlo en el olvido, sin menospreciarlo.

    Gracias,

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    1. psicomienza dice:

      Buenas tardes Guillermo,
      Muchas gracias por tu comentario y por compartir tu experiencia personal. Como bien dices, es fundamental reconocer el valor que tiene el esfuerzo y el mérito propio.
      Nos alegra saber que has podido compensar esos sentimientos “impostores”! Mucho ánimo!

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