HABLEMOS DEL SUICIDIO. MITOS Y REALIDADES.

Este mes queremos dedicar este espacio a hablar de un tema que es tabú tanto en ámbitos profesionales como cotidianos: el suicidio. La idea de que no se debe hablar del suicidio viene de la desinformación, del miedo y del estigma. Por esto, en el post de hoy ponemos sobre la mesa los mitos más habituales y también sobre las duras realidades que conlleva el suicidio en España:

  • El suicido es la primera causa de muerte no natural en España desde hace más de una década.
  • En 2018 (últimos datos oficiales según el INE) fallecieron 3.539 personas debido al suicidio, siendo 2.619 hombres y 920 mujeres. Esto supone una media de 10 personas al día, una persona cada dos horas y media.
  • Esta cifra duplica las muertes por accidentes de tráfico, 13 veces más que los homicidios y 69 veces más que la violencia de género. Sin embargo, ni se visibiliza ni se movilizan tantas iniciativas para prevenir ni para concienciar.
  • Este problema se ha visto agravado en los últimos meses por la pandemia del COVID-19.

¿Por qué la gente se suicida?

Se trata de una pregunta difícil de contestar ya que, como la mayoría de los problemas complejos, tienen múltiples causas. Lo que sí sabemos es que los factores de riesgo son la pobreza, el desempleo, la pérdida de seres queridos, la ruptura de relaciones, problemas jurídicos o laborales, antecedentes familiares de suicidio (se está estudiando la posibilidad de la influencia genética), el abuso de alcohol y estupefacientes, los maltratos en la infancia, el aislamiento social y determinados trastornos mentales, como la depresión y la esquizofrenia. Lo preocupante, es que estos factores están multiplicándose con mayor intensidad y frecuencia, afectando así a un amplio porcentaje de la población.

¿Pero por qué la gente no intenta arreglar sus problemas en vez de suicidarse?

Muchas veces las personas suicidas piensan en la muerte como una solución permanente ante la intensa angustia y dolor emocional, mental y/o físico que experimentan y la desesperanza. Se concibe el suicidio como un alivio al dolor, no desean morirse sino liberarse de aquellos aspectos que les causan tan terrible sufrimiento.

MITO nº 1: Hablar de suicidio incita a que se lleve a cabo. Este es una de las causas de que se haya vuelto un tema tabú. Sin embargo, no es cierto, está más que demostrado que hablar del suicidio ayuda a prevenirlo ya que permite a la persona que sufre liberar y compartir su angustia, lo que reduce los sentimientos de soledad y desesperanza, disminuyendo así el riesgo de suicidio. Lamentablemente, es un mito muy arraigado en la sociedad y hasta entre los propios profesionales.

MITO nº 2: Suicidarse es de cobardes (o egoístas). El suicidio no tiene que ver con la valentía ni la cobardía ni el egoísmo, tiene que ver con el altísimo nivel de dolor y sufrimiento de las personas. Tomar una decisión tan dura como quitarse la vida refleja graves sentimientos de desesperanza, dolor y angustia que buscan ser aliviados.

MITO nº 3: Si amenaza con suicidarse es que realmente no quiere hacerlo. La mayoría de las personas que se han intentado suicidar o lo han consumado, expresaron de diversas formas a su entorno, están pidiendo ayuda o apoyo. Siempre hay que tomárselo en serio.  

MITO nº 4: Si la persona realmente quiere acabar con su vida, no avisa / no hay nada que se pueda hacer. Las personas suicidas suelen ser ambivalentes acerca de la vida y la muerte. Es decir, cuando una persona contempla el suicidio es porque está completamente desesperanzada, no necesariamente buscan la muerte, sino acabar con el intenso sufrimiento que experimentan. Hablar con esa persona en riesgo reduce la probabilidad de que lo lleve acabo. Como decíamos en el mito anterior, la mayoría de los suicidios han ido precedidos de advertencias verbales o conductuales.

MITO nº 5: Quien lo ha intentado una vez, lo seguirá intentando hasta conseguirlo. El mayor riesgo de suicidio es a corto plazo y específico de una situación pasajera. Los pensamientos suicidas pueden regresar pero no son permanentes ni condicionantes.

MITO nº 6: Solo las personas con trastornos mentales se suicidan. El comportamiento suicida indica un sufrimiento, infelicidad y desesperanza profunda, pero no necesariamente un trastorno mental. Muchas personas sufren trastornos mentales y no presentan ideas autolíticas, y no todas las personas que se suicidan tienen un trastorno mental. Aunque sí es cierto que algunas enfermedades mentales como la esquizofrenia, la depresión o la ansiedad son un factor de riesgo.

MITO nº 7: Los intentos de suicidio son una llamada de atención. No, un intento de suicidio es una manifestación del sufrimiento y desesperación que sufre la persona.

MITO nº 8: El suicidio no se puede prevenir. Sí, sí que se puede y además es nuestro deber como sociedad. Es fundamental tanto la detección temprana como dotar de recursos profesionales.

MITO nº 9: Las autolesiones son intentos de suicidio. No siempre, muchas personas que se autolesionan (cortes, quemaduras, etc.) utilizan esto para gestionar sentimientos negativos o aversivos y en ocasiones pueden suponer una manera de autocastigo, pero estas personas no tienen por qué desear quitarse la vida con estas conductas.

MITO nº 10: No se debe hablar de suicidio en medios de comunicación para evitar el “efecto contagio”. Falso, publicar información responsable y adecuada juega un papel imprescindible para ayudar a prevenir el suicidio (“efecto Papageno”).

Las señales de alerta pueden ser verbales del tipo comentarios negativos sobre sí, su vida o el futuro (“mi vida no tiene sentido”, “estaríais mejor sin mi”), verbalizaciones relacionadas con la muerte (“no merece la pena seguir viviendo”, “para vivir así es mejor morirse”) y despedidas verbales o por escrito (“gracias por todo lo que has hecho por mi”, “cuídate mucho y cuida de mi familia”). Pero también pueden ser de carácter no verbal, como un aumento de conductas de riesgo (aumento del consumo de drogas y autolesiones), mayor aislamiento, pérdida de interés en aficiones/estudios/trabajo, regalar objetos queridos, cerrar asuntos pendientes (cuentas bancarias, dimitir del trabajo).

¿Qué puedo hacer si alguien cercano presenta estas señales o sospecho que está en riesgo?

Lo primero y más importante es hablar directamente con la persona sobre lo que está sucediendo. Escúchala, no la juzgues, deja que se exprese. Es importante transmitirle nuestra preocupación y nuestro deseo de ayudarle, así como informar a sus personas cercanas de la situación, con tal de que puedan apoyarle. Si el riesgo es inminente llamar al 112 o acudir al Servicio de Urgencias del Hospital. Si la persona está en tratamiento se debe de tratar de contactar con su profesional.

Trata de crear un espacio seguro, sin objetos que puedan ser un riesgo para la persona, así como alejarle de lugares peligrosos.

No dejes sola a la persona cuándo se trata de un riesgo inminente e involucrar a servicios de salud y a personas cercanas como amigos y familiares. Mostrar un trato cercano, cálido y transmitir un mensaje de esperanza, pero sin quitar importancia a su problema y sufrimiento. Validar los sentimientos y mostrar empatía pueden salvar vidas.

El riesgo de suicidio se mantiene en el tiempo, aunque el momento de tensión parezca haber desaparecido es importante mantener el seguimiento.

Si tienes pensamientos suicidas, recuerda:

No estás solo, busca un amigo, familiar de confianza o un profesional de la salud mental y cuéntale lo que sucede. No trates de mantener en secreto tu sufrimiento, ellos pueden ayudarte.

Los pensamientos suicidas suelen estar relacionados con crisis temporales y pasajeras y que posiblemente tengan solución. Aunque en estos momentos lo veas imposible, esos sentimientos de tristeza, de vacío, de desesperanza son temporales. No busques una solución permanente a algo temporal.

No actúes impulsivamente, pide ayuda, piénsalo, posponlo un día.

Con tanto dolor, es normal que no veas una solución, pero eso no significa que no la haya. Un profesional de la salud mental te ayudará a valorar otras opciones y te podrá dar otros puntos de vista.

Las razones para vivir permiten superar momentos difíciles: piensa en tus razones para vivir (familia, amigos, mascota, trabajo, pareja, aficiones…).

Si te sientes mal, si necesitas ayuda, contacta con el Teléfono de la Esperanza 91 459 00 95 o con Salud Mental España 672 370 187.

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